Es
pregunta típica de los maestros a sus alumnos ¿qué quieres de
mayor?. Las respuestas son muy variadas, esta la niña enfermera, el
niño piloto ,etc.
Pero
y si al formular esta pregunta, la respuesta fuera “yo de mayor
quiero ser feliz”.
Desde
pequeños soñamos con infinidad de momentos que cuando llegan
producen en nosotros decepción o en el mejor de los casos superan
nuestras expectativas. ¿qué pasa cuando crecemos? Que nos damos
cuenta que lo que queríamos ser de niños casi nunca se cumple .
Nos
vamos haciendo mayores y resulta que nuestra boda ideal no se ha
celebrado porque todavía no hemos encontrado el amor tal y como lo
esperábamos en la escuela, que ese niño que quería ser piloto
ahora conduce un turismo o que esa niña enfermera solo hace curas de
sus propias heridas; es entonces cuando la respuesta “yo de mayor
quiero ser feliz” es la que mayor sentido va cobrando, porque
realmente desde siempre todo lo que queremos ser y hacer va
encaminado a ese sentimiento, nuestra felicidad.
No
quiero decir con esto que cuando crecemos dejamos de soñar, pero es
realmente cuando pasa el tiempo cuando nos damos cuenta como es la
vida, que a parte de lo que queremos, existen otras cosas que tenemos
que pasar como enfermedades, despedidas, renuncias o largas esperas.
Puede que la vida no sea un camino de rosas, pero esas cosas
inesperadas y desagradables con las que no contábamos son las que
nos hacen darnos cuenta de que hagamos lo que hagamos siempre
buscaremos la felicidad y que aunque nuestra profesión no sea la que
soñábamos, hemos aprendido a ponerle cariño, que aunque nuestra
pareja no sea un príncipe o una princesa hemos aprendido a amarla y
que aunque nuestra casa no sea un castillo es nuestro hogar, que sin
planteárnoslo estamos en el camino perfecto, en el camino de la
felicidad.
Puedo
parecer un loco, pero estoy muy cuerdo.
Pablo

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