Los aliados habían vencido, todo había acabado. La masacre y el horror llevados a cabo por Hitler concluían.
En los campos de concentración millones de personas eran liberadas y Alemania resultó dividida en cuatro zonas, ocupada militarmente por los países aliados.
Hitler había muerto. Hitler pero no su pensamiento, ya que, como dijo Confucio: “Se puede quitar a un general su ejército, pero no a un hombre su voluntad”.
Nuestro carismático dictador había ejercido sobre sus seguidores algo más que un efectivo liderazgo, había creado un sentimiento de unidad tras otorgarles un culpable a todos sus males y la solución a ellos.
En una Alemania sumida en la pobreza y el malestar general por aquel Tratado de Versalles tan injusto, era fácil que Hitler obtuviera un sequito de importante envergadura. Cabe mencionar, que el susodicho también aseguraba que él había nacido para cumplir una misión, la cual era salvar a su Patria, y eso por supuesto convencía, más aún cuando dotaba toda su vida de misterio para reforzar esa faceta.
Concluido el Holocausto, y desmantelados los horrores de este, cualquiera podría pensar que es más que suficiente para comprender la índole de esas acciones y aceptar que se trató de un hecho que no puede volver a suceder.
Fue una injusticia, un crimen, un horror, fue la mayor masacre de la historia de la humanidad.
Es de entender, que la población entonces, haya adquirido cierta sensibilidad especial al enfrentarse a este tema.
En multitud de países el apoyo a regímenes a favor del genocidio o la negación del Holocausto tiene sanción con multa y pena de cárcel si así se estima.
Pues lejos de quedar en el olvido, la apología al régimen Nazi es algo latente en nuestra sociedad.
En 2005, el príncipe británico Harry, bromeaba disfrazándose de nazi en una fiesta, el cual, recibió una lluvia de críticas por su conducta. Hace unos meses en Madrid, un colegio ensalzaba a franquistas y nazis, y ahora, han sido sancionados en los Juegos Olímpicos de inverno, para competir los días 7,8 y 9 de marzo en Polonia los lanzadores de peso Daniel Martínez y Carlos Tobalina , y el discóbolo juvenil José Lorenzo.
Los tres han sido expedientados por fotografiarse con un saludo a lo nazi y publicar la imagen en las redes sociales. Una vez recibida la notificación de la sanción, los muchachos han alegado que estaban de cachondeo y han preparado un escrito asumiendo su error.
No debería importarme, que cuatro insensibles descerebrados bromearan con la sensibilidad de millones de personas, no debería pues, crearme ningún pudor tacharlos con todos los adjetivos malsonantes y despectivos que se me ocurrieran.
No debería importarme pero me importa, porque creo que no se abordan estas cuestiones con empatía, porque no podemos excusarnos en la juventud para cometer este tipo de actos cuanto menos inaceptables.
No debería importarme pero me importa porque sino ellos, por lo menos sus ideales siguen aquí.
Marta Eme.

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