Ya
lo decía el exitoso grupo Mecano a principios de los ochenta:
Coca-Cola para todos, y estos además incluían algo de comer.
La
marca nos tiene acostumbrados a una publicidad un tanto peculiar. No
nos vende el producto en sí, sino un estado de ánimo.
Tomar Coca- Cola es genial, nos llena de felicidad. Hasta la fecha he seguido de cerca las tareas de esta empresa en dicho ámbito: un cajero de la felicidad donde mostraba el lado más solidario de las personas que compartían con los que más lo necesitaban, te invitaban a ingerir su producto con tu amigo, con tu novio, con papá, con Inés, con Francisco, con un millón de nombres personificados más y hasta con el abuelo.
Tomar Coca- Cola es genial, nos llena de felicidad. Hasta la fecha he seguido de cerca las tareas de esta empresa en dicho ámbito: un cajero de la felicidad donde mostraba el lado más solidario de las personas que compartían con los que más lo necesitaban, te invitaban a ingerir su producto con tu amigo, con tu novio, con papá, con Inés, con Francisco, con un millón de nombres personificados más y hasta con el abuelo.
Qué
bonito, y que importantes nos sentíamos cuando alguien te decía que
se había acordado de ti porque le había salido tu nombre en el bote
de Coca-Cola, y es que ¿quién no quiere tener el suyo?
Nos
gusta ser especiales, y Coca-Cola se ha encargado de que nos sintamos
así, parece ser que les ha funcionado, perdón, parece ser que les
funciona.
En
su red social, esa tan fantástica y maravillosa en la cual reconozco
que llegue hacerme un perfil, te invitan a subir no tu foto sino tu
momento de felicidad. Esta está dotada de multitud de funciones,
incluso tiene un botón con forma de corazón para clicar me gusta en
las fotos de tus amigos, y en las de las personas que tienes cerca,
tiene gps ¡que detalle!
La
otra cara de la moneda no sale con tanta fuerza a luz, la
contrapartida de todo este estado de éxtasis en cuanto a la
felicidad y bienestar de todos salpica de vez en cuanto pero no logra
desmantelar todo este teatro de la gigantesta marca.
Para
hacer un litro de Coca-Cola se necesitan cinco de agua. Hasta aquí
podríamos asumir las consecuencias, la bebida es posible que merezca
ese riesgo.
Ahora
bien, nuestra benevolente empresa, instala sus fábricas en países
subdesarrollados donde en ocasiones priva a la población de agua
potable para fabricar su oro líquido.
La
población ya no es que pase hambre, no, es que literalmente les
quitan el agua. AGUA, por favor que es lo básico para el ser humano.
Ya
no estoy hablando de echarnos rabiosos sobre esta compañía porque
en un país como el nuestro, y tal y como está la situación
socio-económica en la actualidad quieran cerrar una fabrica o hacer
un ere, estoy hablando de que se les permite y consiente que
dispongan sobre territorios ajenos, sobre recursos ajenos, y lo más
vitalicio, sobre vidas ajenas.
No
debería de importarme, pues con que se solventará el cierre
previsto de las cuatro plantas en España sería suficiente. Nuestra
gente con trabajo, eso es lo que importa.
No,
no y mil veces no. Me reitero. No. Quizás no debería importarme que
un gigante del sector acabara con los derechos básicos y vitalicios
de millones de personas que ni conozco y voy a conocer en mi vida,
quizás. Lo cierto es que no debería importarme pero me importa, ya
que, no es justo que quién posee poder lo ejerza sobre los demás
sin ningún tipo de moralidad.
En
este caso añadiré a la canción de Mecano, Coca-Cola para todos y
para rato, porque su expansión es brutal, yo misma en protesta, y no
siendo asidua consumir este tipo de bebidas he intentado no comprar
nada de esta compañía y resulta casi imposible.
Coca-Cola
para todos y algo de comer, eso ya para los que puedan o para los que
dejen.

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