La guerra terminó. Como bien se dice nada es para siempre,
yo me marché del campamento con mis dos hijos,
pero a cada paso que daba alejándome de todo
era inevitable que mi vista se volviera atrás y
corrieran por mi mente cada uno de los momentos que había vivido,
cada momento bueno y malo fuera cual fuera el recuerdo estaba haciendo que mi mente
se escurriera de dolor, la guerra había acabado pero en mi corazón
se libraba la más dura de las batallas,
también entre dos colores, mi piel negra extrañaba de manera imperiosa
el color que tomaba junto a la piel de mi capitán,
lo sentía tan mió aún y ya habían pasado varios meses
desde que sus carta de despedida llegara a mis manos.
Decidí implantar mi vida en Alabama, sabía que el comienzo
iba a ser tan duro que el miedo hacia que mi cabeza llegara a sentir hasta mareo,
de nuevo pedí asilo en un albergue, mis hijos y yo compartíamos
la parte de abajo de una litera que pegada al rincón de aquella
pared me ayudaba a sentirme un poco mas cobijada, cada mañana salía a buscar trabajo,
mis niños se quedaban bajo los cuidados de doña Elvira, la dueña del albergue.
En aquella desidia fue imposible encontrar un trabajo decente.
Empecé a trabajar en un burdel, cada noche pasaban por mi vida dos o tres hombres distintos,
unos con más agrado otros con menos y otros detestables, cada noche lo buscaba a el,
la piel de los blancos q me tocaban no hacia brillar la mía,
mis ojos no se cerraban al roce de los labios de ninguno de ellos,
era tan presa de mi presente, que me hacia darme cuenta la esclavitud de mi futuro.
Aquella noche fui al burdel de las mil noches como cualquier otro día,
pero la sorpresa que me esperaba sólo el destino la sabía, un día más,
espere la llegada de mi primer cliente en esa habitación
de cortinas rojas de terciopelo y sabana blancas roídas por la vejez y…
La puerta se abrió y de nuevo me giré, pero antes de que mi giro alcanzara
los 180 grados, su voz llegó a mis oídos...
-Anahüa, ¡por fin te encontré!
Y así sentí como las cadenas que nunca había podido quitar
Sandra

0 comentarios:
Publicar un comentario