Para bien o mal, las emociones no duran eternamente, algunas cambian con el tiempo; unas duran semanas, meses, e incluso algunas se alargan indefinidamente desde el momento en el que empiezan.
Todas ellas hacen que las personas
tengamos ilusión por la vida y por nuestro propio mundo, podríamos decir que
las emociones son el motor del mundo.
Como hemos dicho al principio, los
sentimientos cambian conforme cambia la persona; cuando somos niños, algo tan
sencillo como que un ratón nos pague por los dientes que se nos caen o que tres
señores sobre sus camellos nos dejen regalos cada 6 de Enero hacen que perdamos
el sueño, sin embargo, de adultos o adolescentes nuestro sueños los roban los
nervios antes de un examen, una entrevista de trabajo o esa sensación que se
produce dentro de nosotros por esa persona que de repente nos encanta.
Pero para ser justos y equilibrados,
necesitamos que el mundo tenga penas y alegrías, sabores y sin sabores. Por
eso, las emociones no son buenas o malas por si solas, esa categoría se la da
el cuerpo que las siente, por el efecto que provoca en la mente de la persona.
Así, por ejemplo, el miedo, sensación
o sentimiento al que por regla general se le atribuye un matiz negativo, no
tiene porque tenerlo puesto que este genera dudas y a veces dudar es necesario
para cambiar algo que no nos gusta o con lo que no estamos de acuerdo. De la
misma manera la alegría, que suele tener un significado positivo, no tiene
porque poseerlo, puesto que a veces nos alegramos de cosas que no son
beneficiosas para nosotros.
Está claro las personas necesitamos un
motor para mover el mundo que nos rodea, por ello es necesario que sigamos
emocionándonos, para así, no solo mover nuestro mundo, sino hacer que este
alcance dimensiones infinitas.
Esto puede parecer una locura, pero
soy un loco muy cuerdo.
Pablo.

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